UN DÍA EN EL COHOUSING DE LAS CAROLINAS

Marta Torralba

 

Lucía es escritora y decidió instalar su “cápsula de pensar” en su casa del bajo B. Al principio creyó que unificar vivienda y centro de trabajo le supondría gastos cuantiosos de electricidad y calefacción, pero gracias a las medidas de eficiencia energética que entre todas decidieron en la fase de diseño, como el tipo de aislamiento o las placas fotovoltaicas, sus facturas son perfectamente asumibles. Las reuniones con sus editores las convoca en el local común del ático, que las vecinas pueden usar como coworking cuando lo necesitan.

En la terraza casi siempre se encuentra con Julia, una entusiasta jubilada con buena mano para la jardinería que se encarga de cuidar las plantas del edificio. Entre semana charlan tranquilamente, porque los sábados y domingos la terraza es un hervidero de actividades. Cuando hace buen tiempo, sacan mesas y sillas para hacer comidas juntas, toman una cañas a la sombra de la gran pérgola e incluso se refrescan en la ducha al aire libre. Si el tiempo se tuerce, el local del ático es un buen lugar para hacer talleres, leer o jugar a juegos de mesa, ya que la fachada sur acristalada permite que el sol caliente el espacio. Y si no hace sol, la chimenea es el mejor de los recursos para calentarse de una manera acogedora y dar comienzo a una gran velada.

“Es un espacio que permite que las viviendas se protejan del sol en verano pero que reciban el de invierno. Favorece también que sea “el edificio de las puertas abiertas”. Los niños pueden ir de casa en casa con libertad. Es un lugar seguro”

Por las tardes, la tranquilidad del edificio se ve alegremente alterada cuando llegan los niños y el patio se llena de risas, pelotas y canciones. Carlos tiene 9 años y es uno de esos pequeños terremotos con ganas de reencontrarse con sus amigos. Aprovecha bien el tiempo de juego, porque a última hora le toca ir a las clases de matemáticas que imparten en el local de planta baja. El local se divide en dos con unos tabiques móviles, y a él le gustaría más estar en el otro aula, porque allí el grupo de teatro prepara la función que representan en primavera. Algunos días tiene suerte y no hay clase, ya que en el local se celebran también eventos, como cuando Lucía presentó su libro. No se lo perdió ni un vecino.

Pero no solo las plantas superiores tienen actividad. En el sótano cuentan con un taller y una lavandería. En el taller es fácil encontrar a Julia restaurando muebles o a Carlos con su vecino reparando la bici. Cualquier proyecto, por loco que sea, tiene cabida en este espacio. La lavandería es un lugar de encuentro insospechado; nadie pensó que tendría la vida que tiene cuando decidieron ser más eficientes y centralizar los servicios de lavado.

Las corralas son otro de los grandes puntos neurálgicos. Lugar de reunión vecinal, por las tardes es fácil encontrarse con los vecinos charlando en ellas. Es un espacio que permite que las viviendas se protejan del sol en verano pero que reciban el de invierno. Favorece también que sea “el edificio de las puertas abiertas”. Los niños pueden ir de casa en casa con libertad. Es un lugar seguro. A Carlos, que vive en el 1ºD, le encanta subir de jugar en casa de su amiga del bajo y dar las buenas noches a los vecinos que se encuentra por el camino.

“Hace poco convivió durante un tiempo Lars, un danés que reside en una cooperativa modelo Andel en Dinamarca”

Por las noches el edificio recupera el silencio. Bueno, siempre siempre no. En verano, llevan a cabo ciclos de cine al aire libre en el patio. Extienden una gran pantalla en el fondo, cada uno baja las sillas que puede, preparan bocadillos y disfrutan del frescor que se produce porque en verano el sol prácticamente no alcanza el patio, y porque la buena de Julia se preocupa de regarlo a última hora de la tarde para sofocar el calor de Madrid.

Forman una gran comunidad, y no es que se lo digan ellos. Hace poco convivió durante un tiempo Lars, un danés que reside en una cooperativa modelo Andel en Dinamarca. Había contactado con el vecino del 2ºF a través de una web europea de cohousing para intercambio de viviendas y quería comprobar qué tal funcionaba el sistema en el nuevo edificio de Madrid. Se ha ido prometiendo volver pronto; estaba encantado con la vivienda en cuanto a luminosidad, eficiencia energética, utilización de los recursos, materiales sostenibles, etc. Pero sobre todo se lleva una convivencia excepcional… y la idea de poner un grifo de cerveza en su cubierta como el de aquí.

+ Sigue el proceso en #cohousing #lascarolinas @entrepatios_org

Una tarde de invierno en la cubierta

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