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LO COMÚN, AQUELLO QUE EMERGE ENTRE LO PRIVADO Y LO PÚBLICO
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LO COMÚN, AQUELLO QUE EMERGE ENTRE LO PRIVADO Y LO PÚBLICO

Iñaki Alonso

 

Lo común, un concepto que nos acompaña desde el principio de los tiempos y que se está poniendo en valor en las dos últimas décadas como estrategia para romper el debate entre lo privado y lo público. Lo común resurge de los movimientos altermundistas y ecologistas como una nueva forma de enfrentarse al capitalismo desmesurado, incluso de plantear su superación. También surge como una forma de dar la espalda definitivamente al comunismo estatal, aniquilador del individuo. Lo común surge desde otro paradigma, lo podemos considerar como el bottom-up de lo común, construido desde la libertad como individuo. Lo común del que quiere y reconoce el valor de lo cocreado, compartido, y cocuidado . Este espíritu lo podemos ver reflejado perfectamente en esta frase surgida de la batalla por el agua en Cochabamba, “hemos sufrido un gran robo cuando no éramos propietarios de nada”.

Lo común, el commune latín, implica cierta obligación de reciprocidad ligada al ejercicio de responsabilidades compartidas. Esta coobligación la estamos viendo implementada en nuestra sociedad a través del movimiento que podemos llamar “coeverything” donde englobamos los coworking, las cooperativas, los cohousing, y toda la cultura colaborativa que está surgiendo con mayor o menor acierto. Frente a esa implosión de lo procomún y lo colaborativo, tenemos el mayor ataque a las cosas comunes de la humanidad, lo que el derecho romano entendía como res comunes.  Chardereaux lo refleja en su libro “Les Choses communes” planteando lo que el derecho romano diferencia como res communes y res nulas, “Las llamadas res nulas (cosas sin amo), están factualmente vacantes: tienen vocación de pertenecer al primer ocupante que se apodere de ellas. Como por ejemplo los animales salvajes. Las otras llamadas “res communes omnium”, son cosas que por su naturaleza, no pertenecen a nadie y cuyo uso es común a todos. Son tales como el aire, el agua, el mar, y la orilla del mar, que se extiende hasta donde llegan las olas en las grandes mareas de invierno”.

Viviendo la gran paradoja. Si bien estamos en un momento de resurgimiento de los bienes comunes a través de obras como la de Elionor Ostrom “El gobierno de los bienes comunes”, o Christian Laval y Pierre Dardot “Común”, o del trabajo de Antoni Negri y Michael Hardt “Commonwealth, el proyecto de una revolución en común” también estamos viviendo los extremos más radicales del neoliberalismo capitalista. Mientras una gran parte de la sociedad está con el grito de alarma ante el problema del cambio climático y el deterioro de nuestra biodiversidad, otros pocos pero con mucho poder, grandes multinacionales están esperando como hienas el derretimiento de los polos para poder entrar a saquear los recursos comunes, disputarse las reservas del veneno y continuar con las mismas lógicas. La sociedad humana consciente de su adicción parece incapaz de prescindir de su droga y mientras que para unos pocos ya no existe nada común, para otros muchos es el momento de construir los nuevos procomunes.

Lo común planteado como alternativa o evolución del capitalismo, de la socialdemocracia y del comunismo tiene un catalizador destacado en las nuevas tecnologías. La aparición de internet, el desarrollo de la tecnología y lo que ahora se llama “internet de las cosas” como una red distribuida ha posibilitado un cambio de pensamiento. Estamos pasando de un sistema determinista y racional a un sistema impredecible y vivo, así es como funciona la red, algo más parecido a un sistema vivo que a algo predeterminado. En estas circunstancias y gracias a internet han surgidos todos los movimientos de las “primaveras árabes”, “15M” y “ocuppy wall street”, y los nuevos planteamientos de democracia participativa. La red posibilita las reacciones virales, los apoyos y las denuncias masivas, las convocatorias multitudinarias y sobre todo el vigilamiento común. Cada persona se convierte en policía, controlador de un bien común a través de la red en un contexto donde la transparencia se pone en valor. Si bien es cierto que también se está dando posibilidad a un gran control y conocimiento de cada uno de nosotros no deja de funcionar como un sistema vivo con su capacidad autopoiética de regulación del propio sistema. Con este contexto se posibilita el alzamiento de las voces comunes, pero esto no garantiza que de momento pueda llegar a las grandes decisiones geopolíticas de los estados y sobre todo de las multinacionales. Esto lo estamos pudiendo observar con las negociaciones de TTPI o del CEPA, tratados de libre comercio que están negociando EEUU, EU y CANADÁ para poner al mercado por encima del estado, de los derechos, no vaya a ser que a través de la democracia surjan grupos políticos que cuestionan las máximas del neoliberalismo y las multinacionales no puedan seguir explotando mercados.

No podría hablar de lo común sin hablar de lo privado. La máxima expresión de lo privado la podemos observar en las patentes, y dentro de las patentes hemos conseguido llegar a la absurda competencia de apropiarnos de los conocimientos milenarios desarrollados por las diferentes culturas basadas en la experiencia y el conocimiento de la naturaleza. A través de la libertad, individualidad absoluta, competitividad máxima, neoliberalismo salvaje hemos llegado a extremos absurdos y peligrosos como querer seguir creciendo apropiándonos del conocimiento ancestral o contaminando vorazmente sin mirar al futuro. Tampoco era solución la construcción de lo común desde arriba, denominado como público, algo para todos impuesto, aniquilando al individuo, amputando las libertades y estandarizando las soluciones.

Las nuevas construcciones de lo común parten de la diversidad, se construyen desde abajo, tienen diferentes escalas, respetan al individuo, y el individuo entiende y respeta a lo común. Tienen muchas caras, y tampoco son nuevas formas de lo común, de hecho han existido toda la vida pero entran en una nueva dimensión de lo digital, de la hiperconexión, aplicada a los nuevos sistemas de producción, se instala en los sistemas complejos, pertenece más de los organismos vivos que a los deterministas, construye otro paradigma. Y justo en un momento en que lo público muestra verdaderos síntomas de agotamiento.

1 Comment
  • mario ibañez
    Posted at 16:08h, 09 julio Responder

    ?quien administra lo comun, considerando que el estado controla el bien comun siendo este un desarrollo del capitalismo puro?
    Lo comun varia conforme a la geografia de un pueblo, es decir los minerales, la forestacion energia, pero lo comun cuando se otorga un valor agregado pasa a ser un bien comun,como por ejemplo la energia hidrica la requiero para energizar mi propiedad.

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